lunes, 10 de febrero de 2014

Mi respuesta a Marcelo Gidi sobre sus quejas del informe del Comité de derechos del Niño de NU

Debido a que pasaron varios días sin que El Mercurio publicase la carta al Director en que respondo la quejosa reacción del sr. Marcelo Gidi, la pongo acá  en su versión ampliada, y dejo infra los dichos que motivaron estas líneas. 



Santa Sede y derechos de los niños

El Sr. Marcelo Gidi, defendiendo el actuar de la Santa Sede frente al duro reproche efectuado por el Comité de Derechos del Niño de NU, sugiere que las críticas observaciones de este organismo están desactualizadas o desinformadas. Habiendo seguido el largo proceso del informe de la Santa Sede no puedo coincidir con el Sr. Gidi. Cualquiera que haya leído las vagas y tardías respuestas de la Santa Sede al cuestionario que le envió el Comité, cualquiera que haya seguido el diálogo del jueves 16 de enero repleto de evasivas respuestas vaticanas, puede acreditar que el comité reacciona con inusual dureza frente a problemas actuales: la falta de transparencia, la falta de adecuación del Derecho Canónico a las normas de la Convención de Derechos del Niño y, muy especialmente, la escasa colaboración con la justicia civil, la menguada preocupación por la reparación de las víctimas, incluida la práctica de condicionar indemnizaciones a pactos de silencio de las víctimas y sus familias.  En algunos de esos lamentables comportamientos, por cierto, la iglesia en Chile, incluidos los jesuitas, no ha sido la excepción.
Por otra parte, no es cierto lo que dice el sr. Gidi sobre la institucionalidad eclesial actual. Es justamente porque hoy no existe, que el comité recomienda “un mecanismo de alto nivel con el mandato y la competencia para coordinar la aplicación de los derechos del niño en todos los Consejos Pontificios, conferencias episcopales, así como respecto de las personas y las instituciones de carácter religioso, que funcionan bajo la autoridad de la Santa Sede. Este mecanismo debe contar con los recursos humanos, financieros y técnicos suficientes para cumplir su mandato.”

Un primer paso en los proceso de cambio es no faltar a la verdad. La Santa Sede demoró por más de una década la presentación de este segundo informe sin nunca dar explicaciones oficiales del retardo cuando fue oficialmente consultada. El Comité envió en julio un set de preguntas a ser respondidas hasta noviembre. A mediados de diciembre llegaron las respuestas. Por la fecha, no alcanzaron a ser traducidas a los diversos idiomas de los miembros del Comité, pero, lo más relevante, están repletas de ambigüedades y omisiones inverosímiles. Un ejemplo para refutar la nueva actitud a que alude el Sr. Gidi: El Comité le pide a la Santa Sede "el número de niños víctimas que han recibido asistencia para la recuperación, incluyendo el apoyo psicológico y la reinserción social y han recibido una compensación económica." Algo absolutamente mínimo. El Vaticano no respondió esa mínima pregunta. ¿Es creíble una institución que oculta esa mínima información? ¿Dónde está el cambio de actitud? 

El inédito reproche del Comité de Derechos del Niño merece una acogida más explícita en acciones y revisiones y menos en defensas corporativas, por elegantes que éstas sean.


Francisco Estrada V.
Abogado, ex Director Nacional de Sename

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Jueves 06 de febrero de 2014
Siempre la verdad: defensa de los derechos de los niños

Señor Director:

Se han dado a conocer no solo las recomendaciones sino que también el parecer que el Comité de la ONU sobre los Derechos del Niño hace sobre el comportamiento que como Iglesia hemos tenido al momento de defender los derechos de los niños y niñas en los casos de abusos sexuales.
En su informe de 16 páginas, el Comité de la ONU critica duramente al Vaticano. El Comité señala que está muy preocupado de que la Santa Sede no haya reconocido la amplitud de los crímenes cometidos, no haya tomado las medidas apropiadas para afrontar los casos de pedofilia y para proteger a los niños, y haya adoptado políticas y prácticas que han propiciado la continuación de los abusos y la impunidad de los autores.

Critica duramente el hecho de que, según el Comité, la Iglesia haya puesto por encima de la defensa de los niños los intereses de la institución y la protección del clérigo criminal, por mantener la imagen de la Iglesia y defender a los abusadores. En su informe sobre el cumplimiento de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño por parte de la Santa Sede, un instrumento jurídicamente vinculante que compromete a los estados firmantes con la protección y el cuidado de los más vulnerables de la sociedad, afirma que el Vaticano no tomó "las medidas necesarias" para atender estos casos y proteger a los menores, y que aún no hace todo lo que debería hacer.

Quisiera recordar que ya el 9 de marzo de 2010, el Papa Benedicto XVI afirmaba, dirigiéndose a los obispos de Irlanda, esto mismo: "No se puede negar que algunos de vosotros y de vuestros predecesores habéis fallado, a veces gravemente, a la hora de aplicar las normas, codificadas desde hace largo tiempo, del derecho canónico sobre los delitos de abusos de niños. Se han cometido graves errores en la respuesta a las acusaciones. Reconozco que era muy difícil captar la magnitud y la complejidad del problema, obtener información fiable y tomar decisiones adecuadas a la luz de los pareceres divergentes de los expertos. No obstante, hay que reconocer que se cometieron graves errores de juicio y hubo fallos en el gobierno".

Como un activo miembro de la Iglesia en estos temas, acojo gran parte de este informe, sí lo comprendo desde el modo de actuar pasado de la Iglesia. Pero lo que me parece muy extraño e injusto del informe del Comité es que se juzgue en estos términos el hoy. En su primera parte, el mismo Comité reconoce el cambio de actitudes, las nuevas prácticas de prevención y de sanción de abusos de menores en la Iglesia, como asimismo alaba la implementación de prontas y decididas medidas de actuación delante de una denuncia; reconoce como un gran avance la próxima creación de una Comisión universal para la protección de menores, entidad que ya existe a nivel de iglesias locales.

A mi modo de entender esta situación, considero que nunca será suficiente lo que se haga por la defensa de un niño, ni menos por un niño abusado. El informe juzga con razón el pasado, pero es irracional e injustificadamente parcial si quiere juzgar el actual modo de reaccionar que tiene la Iglesia Católica en temas de abuso sexual a menores.

El documento parece no estar actualizado, o tal vez no ha considerado suficientemente lo que en los últimos años se ha hecho en la Iglesia, con pertinentes medidas de protección tomadas directamente por la Santa Sede y por las Conferencias Episcopales, que muestran una serie de cambios en la defensa de los niños y en la prevención de este tipo de delitos en los lugares y por sacerdotes y otros miembros de la Iglesia.

Entre tantos otros, hay una nueva actitud y una más clara normativa; hay comisiones adecuadas, estudios y organismos eclesiales dedicados a garantizar el bienestar del menor en la Iglesia; hay protocolos eficaces para hacer frente a estas denuncias; no hay denuncia que no se investigue, y culpable que no se sancione. De hecho, el Papa Benedicto XVI expulsó entre 2011 y 2012 a cerca de 400 sacerdotes por asuntos relacionados con abuso sexual a menores, el doble respecto a los 171 sacerdotes que expulsó en los años 2008 y 2009.

Este informe nos ayudará, sin duda alguna, a seguir trabajando por el bien y la defensa de los niños y niñas, a restablecer la justicia, castigar a los culpables y a evitar nuevos abusos, pero no por esto no debemos contestar los graves errores que contiene.

P. Marcelo Gidi, sj