lunes, 7 de diciembre de 2009

“El juez de familia debe saber mucho más que repartir coches, casas y alimentación. Tiene que controlar afectos”.

Por Nuria Escur para La vanguardia.es

"La subcomisión de Igualdad del Congreso que ha evaluado la ley de Violencia de Género ha sido rotunda con el síndrome de alienación parental (SAP): no existe. Pero ayer mismo la adjunta al Defensor del Menor, Carmen González, aseguraba que "la realidad es que hay manipulaciones". El debate está abierto, tal como se refleja en El síndrome de alienación parental, 80 preguntas y respuestas (Viena Ediciones), que acaba de publicar Domènec Luengo, doctor en Psicología, especialista en trastornos de ansiedad y profesor del ICE de la Universitat de Barcelona, en colaboración con Arantxa Coca.
La OMS no reconoce el SAP.

No la incluye como patología clínica, pero muchos profesionales vemos diariamente a niños que responden a sus efectos.

Ahora que ya cuentan con estudios de adultos que pasaron por esa alienación parental ¿puede saberse qué alteraciones sufrirán esos niños de adultos?

Hay uno muy curioso: el vacío existencial. Perciben una infancia robada. Suele haber un componente depresivo y en su memoria emocional queda el sentimiento de que fueron usados, segregados por uno de los progenitores a los que, a menudo, no vieron más. Intentan recuperar tiempo perdido y tienen un enorme sentimiento de culpabilidad.

¿Intentan recuperar esa relación perdida con su progenitor?

A veces. Buscan el perdón aunque se les diga que ellos, como niños, nunca tuvieron la culpa. Pero suele ser infructuoso porque la persona que encuentran ya no es la que dejaron.

Parece que el creador del síndrome, R. Gardner, fue un sujeto de quien lo más bonito que se ha dicho es que era misógino, paidófilo y estaba obsesionado por perjudicar a las mujeres.

Deberíamos ir más allá del estigma del personaje y distinguir entre lo que fue una biografía perversa, desequilibrada, del primer investigador del SAP de lo que luego ha sido el conocimiento del fenómeno.

Tan alienador puede ser un padre como una madre.

Claro, el problema es que nos topamos con la realidad histórica: en la mayoría de los casos las custodias se han dado a las madres. Los niños están con ellas muchas más horas, luego su influencia es, casi siempre, más determinante. No es un problema de género sino de estadística. Pero a medida que se avanza hacia una custodia compartida el tema del SAP deriva en una barbaridad, no se puede entender. En Alemania, por ejemplo, si surge un caso se quedan extrañadísimos.

El tercer nivel de SAP deriva en fobia al progenitor.

Ese nivel, para que sea SAP de verdad, implica la exclusión del progenitor. Para estar en él ya se debe haber producido una situación fóbica en el niño con ataque de pánico incluido o grandes pataletas en el intercambio. Hay casos donde ni siquiera los Mossos se atreven a intervenir.

¿Cuándo surge la alerta que denota que hay que consultar a un profesional?

El día en que el niño, al visitar al otro progenitor, se muestra distanciado. Cuando se nota que hay una devaluación de la figura de alguien que hasta entonces había sido querido, referenciado y necesitado. Y cuando usan palabras inducidas. Esas frases que sabes que alguien le ha repetido. De pronto te habla del juez o la hipoteca con cuatro añitos. El funcionamiento del SAP se parece mucho al de una secta.

¿Qué le dices a tu hijo del progenitor que os aliena?

No queda más remedio que tener clase. No te pongas a su altura. No grites, no amenaces. Encajar sin resignación, que nunca le quede al otro un argumento.

¿Cuál es la edad más peligrosa para el niño?

Entre los 8 y los 12 años porque es cuando inicia el pensamiento concreto.

¿Qué pruebas les hacen?

Muy sutiles. Se trabaja con dibujos, situaciones análogas, muñecos con rol, preguntas tangenciales. Todo eso es más fiable que pasar test a los progenitores, que contestan lo que quieren.

¿La intuición funciona?

Uno de los signos más evidentes del alienador es el pensamiento absoluto: no tiene matiz, compacta su teoría y cierra todas las posibilidades. Y siempre es el que se resiste a ir al psicólogo.

¿Con quién se alía el niño?

Desgraciadamente, demasiadas veces con el alienador, que, a su vez, puede ser victimista o autoritario.

Lo peor de su libro es que dice que para el SAP no hay solución.

No, no hay. Bueno, hay una. Es la tecnificación de los jueces. El juez de familia debe saber mucho más que repartir coches, casas y alimentación. Tiene que controlar afectos. Y eso, mayoritariamente, no lo hace.